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Las dificultades del sistema energético en Europa pueden convertirse en oportunidades

Europa ha vivido la mayor crisis energética desde la década de 1970, esto debido a que la guerra en Ucrania ha perjudicado los flujos energéticos en el continente, por lo que, en consecuencia, se encuentra en un momento crucial en su trayectoria. El imperativo de una transición verde se entrelaza esta vez con la necesidad de fortalecer la seguridad en materia energética.

Cabe destacar, la reciente crisis ha subrayado la urgencia de una revisión fundamental del panorama energético del continente. La transición hacia fuentes de energía sostenibles no solo se alinea con las necesidades climáticas, sino que también presenta una oportunidad única para fortalecer la seguridad energética de Europa en múltiples frentes.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los pilares de la seguridad energética radica en reducir la dependencia de fuentes de energía importadas, mitigando así la vulnerabilidad a las interrupciones en el suministro extranjero, como lo es el caso de Rusia.

Respecto a lo anterior, las políticas climáticas ambiciosas destinadas a reducir las emisiones en un 55% con respecto a los niveles de 1990 para 2030 ofrecen un camino para lograr la seguridad energética, diversificando geográficamente los suministros energéticos y reduciendo la demanda de energía. Tales medidas no solo reducen el riesgo de interrupciones en el suministro, sino que también disminuyen la carga económica de los gastos energéticos en el continente. De esta forma, Europa puede mejorar su seguridad energética hasta en un 8%.

Sin embargo, la búsqueda de seguridad energética a través de la acción climática requiere un equilibrio entre la eficiencia económica y las ganancias en seguridad. Las autoridades se enfrentan al desafío de optimizar las políticas para minimizar costos a la vez que maximizan la resiliencia de los sistemas energéticos de Europa. Si bien, el precio del carbono sigue siendo una piedra angular de la reducción eficiente de emisiones, las regulaciones específicas del sector desempeñan un papel crucial en el fortalecimiento de la seguridad energética.

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Además, los acuerdos de financiación conjunta ofrecen promesas para difundir equitativamente las ganancias económicas y de seguridad energética de la acción climática. Un «fondo a nivel de la Unión Europea para la seguridad energética y el clima» podría catalizar inversiones en proyectos de descarbonización e innovación tecnológica, especialmente en economías intensivas de energía en Europa Central y del Este. Al fortalecer la seguridad energética y la resiliencia económica en estas regiones, dicho fondo aceleraría la transición verde de Europa y fomentaría la solidaridad entre los estados miembros.

Por otra parte, la naturaleza heterogénea de las ganancias en seguridad energética entre los países europeos subraya la necesidad de cooperación multilateral. Una integración más profunda de los mercados eléctricos europeos no solo diversifica las importaciones de energía, sino que también reduce los precios, mejorando así la seguridad energética en todo el continente. Iniciativas como la Unión de la Energía representan avances significativos en esta dirección, sin embargo, se necesita un mayor progreso para cerrar la brecha en la conectividad de la red eléctrica entre los estados miembros.

El camino de Europa hacia un futuro energético sostenible se vincula inevitablemente con la necesidad de mejorar la seguridad energética. A través de una mezcla de políticas climáticas ambiciosas, cooperación multilateral e inversiones, Europa no solo puede resguardarse de los riesgos de inseguridad energética, sino que también puede construir un futuro energético resiliente y próspero aprovechando las oportunidades que se le presentan.

NotiPress/Axel Olivares