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Estados Unidos, China y Argentina: un triángulo de intereses y traiciones

Un acuerdo de swap por 20 mil millones de dólares fue aprobado recientemente por Estados Unidos con Argentina. Esta operación, según el New York Times, busca reducir la presencia económica de China en el país sudamericano. El acuerdo, gestionado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se concretó tras cuatro días de reuniones con el ministro de Economía argentino, Luis Caputo, y fue presentada como una respuesta a la «grave falta de liquidez» que enfrenta Argentina.

El anuncio coincidió con una ofensiva comercial de China, que interrumpió sus compras de soja estadounidense durante 2025. En los primeros ocho meses del año, las exportaciones de soja de Estados Unidos a China cayeron de 985 millones a 218 millones de bushels. Según el Asia Times, «los productores estadounidenses de soja se han convertido en víctimas sacrificiales de su propia lucha política interna».

Mientras tanto, los pedidos de exportación de soja desde Argentina alcanzaron su nivel más alto en siete años, impulsados por una suspensión temporal de las retenciones a la exportación. La medida favoreció a los importadores chinos, quienes aseguraron más de la mitad de sus necesidades inmediatas a través de compras en el país. Esta maniobra generó tensiones en el ámbito rural estadounidense, donde el acuerdo fue visto como una amenaza comercial directa.

Durante una sesión en la Asamblea General de la ONU, un fotógrafo captó a Scott Bessent leyendo un mensaje en el que se citaba al comerciante Ben Scholl: «Ayer rescatamos a Argentina y, a cambio, redujeron los aranceles a la exportación de granos, bajando los precios para China cuando normalmente estaríamos vendiendo» . La difusión del mensaje alimentó la polémica en torno al impacto del acuerdo en los productores estadounidenses, especialmente en estados agrícolas clave como Iowa e Illinois.

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En el Congreso de Estados Unidos, la medida fue rechazada por sectores de la oposición que cuestionan los beneficios indirectos para empresas vinculadas a Bessent y en el momento producido, en medio de un posible shutdown presupuestario . Al mismo tiempo, en Argentina, sectores rurales manifestaron su malestar por la corta duración del período de retenciones cero, que se limitó a 72 horas.

Frente a las presiones internas y externas, el presidente Donald Trump anunció un arancel adicional del 100% a las importaciones chinas, que entrará en vigor el 1 de noviembre. También se aplicarán controles sobre la exportación de software considerado estratégico. «Ya no hay motivo para hacerlo», señaló Trump al confirmar la cancelación de su encuentro con Xi Jinping, previsto para la próxima cumbre del APEC.

Las autoridades chinas, por su parte, suspendieron en marzo las licencias de importación de soja para tres empresas estadounidenses por supuestas deficiencias sanitarias. Además, Pekín impuso nuevas restricciones a la exportación de tierras raras y amplió su control sobre usuarios tecnológicos .

En este triángulo comercial, ninguna parte salió indemne. Estados Unidos intenta contener la expansión de China en América Latina mientras busca nuevos mercados en Asia para compensar la caída de ventas agrícolas. China, en cambio, se afianza en Sudamérica, aunque a riesgo de deteriorar relaciones con Washington. Y Argentina, en el centro del conflicto, recibe respaldo financiero externo bajo estricta vigilancia internacional y presiones cruzadas.

NotiPress/Martín Olivera