El primer ministro de Canadá, Mark Carney, recibió con entusiasmo la propuesta de la Unión Europea para convertir a su país en el primer «miembro asociado» del bloque, una figura que todavía no existe, pero ya genera tanto partidarios como detractores.
Durante su intervención ante el Parlamento Europeo, el dirigente canadiense destacó la afinidad política entre ambas partes y defendió una cooperación más estrecha en un escenario internacional marcado por tensiones comerciales y de seguridad.
«No somos aliados de conveniencia. No buscamos acuerdos de suma cero. Nuestro compromiso con el estado de derecho y nuestra defensa inquebrantable de la dignidad humana, la libertad individual y la democracia comparten las mismas raíces profundas, la misma dedicación inquebrantable», afirmó Carney ante los legisladores europeos.
Una asociación aún por definir
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, había planteado un día antes abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE. La propuesta permitiría profundizar la relación sin que Ottawa tenga que recorrer necesariamente el camino de una adhesión plena, aunque todavía no se conocen los derechos y obligaciones que incluiría esa categoría ni existe certeza sobre el respaldo de los 27 Estados miembros.
Carney reconoció que el concepto requiere definición, pero celebró la ambición de la iniciativa. Su visita se produce después de haber expresado su intención de construir una «alianza única» con Europa, basada en prioridades compartidas y capacidades complementarias.
«Europa y Canadá son fuertes por separado. (…) Europa y Canadá son aún más fuertes juntas», declaró el líder canadiense.
El vínculo parte de una base económica considerable. La UE es el segundo socio comercial más importante de Canadá y gran parte del Acuerdo Económico y Comercial Integral entre ambas partes está vigente desde 2017. Entre los sectores mencionados para ampliar la cooperación aparecen tecnología, defensa, ciberseguridad, inteligencia artificial, energía, minerales críticos y fabricación avanzada.
Resiliencia colectiva frente a un entorno más tenso
El discurso de Carney también dejó ver que Ottawa busca diversificar sus alianzas mientras atraviesa una fuerte disputa comercial con Estados Unidos. Canadá y su vecino del sur se encuentran inmersos en una guerra arancelaria después de que Carney y el presidente estadounidense Donald Trump no alcanzaran un acuerdo durante el verano.
Sin plantear una nueva coalición destinada a competir directamente con otras potencias, el primer ministro canadiense insistió en una lógica de cooperación. «No propongo un tercer bloque para convertirnos en rivales de las grandes potencias, sino simplemente para que se comporten mejor», dijo. Más adelante añadió: «El objetivo no es la autosuficiencia, sino la resiliencia colectiva«.
Trump reaccionó contra la posibilidad de una membresía asociada y advirtió que podría imponer aranceles severos a Europa si interpreta el acercamiento como un acto hostil. En contraste, Von der Leyen ha defendido que el fortalecimiento del vínculo con Canadá no constituye una alianza dirigida contra otro país.
Para Carney, el acercamiento también descansa en principios políticos compartidos. «Compartimos valores comunes por los que siempre hemos luchado y en cuya defensa debemos permanecer siempre vigilantes», afirmó ante el Parlamento Europeo. La discusión sobre la membresía asociada queda ahora abierta a una negociación que deberá precisar qué tipo de integración puede ofrecer la UE a un socio situado fuera de Europa.
NotiPress/Axel Olivares


