El término «maxxing» pasó de ser una expresión utilizada en comunidades específicas de internet a convertirse en una etiqueta ampliamente empleada en redes sociales para describir intentos de optimizar al máximo distintos aspectos de la vida cotidiana, especialmente relacionados con la salud, el bienestar y el desarrollo personal.
La palabra tiene su origen en el concepto de «min-maxing» utilizado en juegos de rol como Dungeons & Dragons, donde los jugadores maximizan determinadas características de sus personajes mientras minimizan otras para obtener ventajas. El lingüista Adam Aleksic, autor de Algospeak: Cómo las redes sociales están transformando el futuro del lenguaje, explicó que posteriormente la terminología fue adoptada por comunidades de hombres que se identificaban como célibes involuntarios (incels), quienes popularizaron expresiones como «lookmaxxing» para referirse a la búsqueda de una mejora extrema de la apariencia física.
Con el tiempo, ese uso comenzó a transformarse. Usuarios de distintas plataformas empezaron a emplear el sufijo «-maxxing» de forma humorística para describir prácticamente cualquier hábito o actividad. Aleksic ejemplifica esta evolución al señalar: «Si quiero comer más burritos, podría decir ‘burritomaxxing'». Según el especialista, el vínculo con el origen del término se ha diluido hasta el punto de que muchas personas utilizan expresiones como «fibermaxxing» sin conocer su procedencia.
Así, la expansión del término coincidió con el auge de contenidos enfocados en la optimización personal. En redes sociales comenzaron a difundirse conceptos como «sleepmaxxing», «proteinmaxxing» o recomendaciones dirigidas a maximizar la fertilidad, utilizando el mismo patrón lingüístico para presentar estrategias destinadas a mejorar distintos aspectos del bienestar.
Aunque el término se popularizó mucho más allá de las comunidades donde surgió, quienes adoptan actualmente estas tendencias generalmente no apuntan a promover la ideología incel ni son conscientes de ese antecedente. Sin embargo, la lógica de la sobreoptimización permanece presente al trasladarse a ámbitos como la alimentación, el descanso o la salud reproductiva.
Para Aleksic, el éxito del concepto también responde a la forma en que funcionan las redes sociales. Los algoritmos favorecen mensajes contundentes, resultados rápidos y transformaciones visibles, mientras que los procesos graduales y personalizados suelen recibir menor atención. Esa dinámica contribuye a que el lenguaje de la optimización extrema continúe expandiéndose hacia nuevos temas y comunidades digitales.
NotiPress/Francisco Vicario


